Historia.
En Las Landas, un
lugar al suroeste de Francia, en donde existe el mayor bosque de
Europa,
especialmente de pinos plantados por Napoleón III nacen los
zancos. En el siglo
VIII, Landas era un lugar donde la vegetación principalmente
era de hierbas,
arbustos y maleza, aquí vivian sobre todo pastores de ovejas
y a fín de abrirse
más fácilmente camino entre la
vegetación, y de evitar mojarse los pies en los
pantanos, y sobre todo para poder cuidar de lejos sus
rebaños de ovejas,
los pastores utilizaron los zancos.
También los
zancos
se utilizarón en España por agricultores
para
alcanzar la fruta de los árboles.
La práctica
de los
zancos como instrumento de trabajo para los pastores ha desaparecido
progresivamente entre en medio del siglo XIX y el principio del siglo
XX.
Ahora, lo zancos tienen un fin circense.
Los Zancos - Goya -
España
Pincha sobre la imagen para ampliar
información histórica sobre las Landas y
más.
Arriba
Zancos de una punta
a otra del planeta
Por Roberto Salas
Las tradiciones no
están indisolublemente ligadas a ninguna
geografía.
Eugenio Barba
¿Para
qué alguien
abandonaría su natural equilibrio y se
arriesgaría a explorar las
alturas desde la precaria seguridad que le ofrecen dos estrechas vigas
de
madera? ¿Deseos de convertirse en gigante? ¿Un
desafío a la gravedad? Lo
cierto es que las más diversas razones debieron
encaramar al hombre sobre
los zancos e imposible resulta determinar sus orígenes.
Desde la
antigüedad más remota fueron utilizados por tribus
y civilizaciones que no se
conocían entre sí,
Las tradiciones
son como árboles invisibles que se ramifican constantemente.
Disfrutamos la
sombra que ofrecen, pero pocas veces nos preguntamos cómo
crecieron o quién los
plantó. Casi nunca tenemos en cuenta sus
raíces, aunque se sabe que a
través de ellas reciben los árboles una parte
importante de los nutrientes que
necesitan para mantenerse vivos. Las tradiciones tienen
raíces que se ramifican
en todas las direcciones. No son evidentes para quien solamente anda
buscando
los frutos.
Una de las
raíces
de la tradición de los zancos nos lleva hasta Nueva Zelanda.
Allí los Maoríes
se establecieron a partir del 800 d.C. Entre ellos existía
la creencia de que
las cosas extraviadas eran responsabilidad de los Diablos Ladrones,
seres
míticos que se representaban sobre zancos. De este modo
explicaban por
qué las cosas desaparecían misteriosamente y sin
dejar huellas. A ellos —a los
Diablos Ladrones— invoco ahora para que me
devuelvan algunas de las
señales que evidencian el uso de los zancos de una punta a
otra del planeta.
Señales que han desafiado el paso del tiempo,
raíces que han permanecido en
la tierra del olvido.
Arriba
DESENTERRANDO
RAÍCES
En una
pequeña
biblioteca de Ciampinno, Italia, encontré la
réplica de un ánfora que muestra a
varios hombres danzando o caminando sobre zancos. El ánfora
data del siglo VI
antes de Cristo, y da fe de esta antiquísima
práctica en alguna región de
Europa. Ya en la época de esplendor de la Roma
Imperial,
frecuentaban sus calles ciertos coloridos
personajes que montaban
zancos y proclamaban alabanzas a los
Dioses. Hoy diríamos que
eran zanqueros, pero en aquellos tiempos eran conocidos como
los "grallae",
término latino que actualmente sirve para designar
a las aves de largas
patas. También los romanos utilizaron los zancos como parte
de los
divertimentos y combates que habitualmente se realizaban en los grandes
Coliseos. En unos vistosos mosaicos (preservados en el Museo
Arqueológico de
Argelia) puede verse a un gladiador sobre pequeños
zancos peleando contra
una bestia.
Durante muchos
años esta tradición permaneció viva en
Italia y fue retomada por los actores de la Commedia
dell’Arte. Esta modalidad de representación
tenía por base el trabajo sobre
roles arquetípicos apoyándoese en el uso de
máscaras y los actores se tomaban
ciertas libertades para improvisar durante las presentaciones.
Prestaban gran
atención a todos los recursos que ayudasen a dilatar su
expresividad: de aquí
la recurrencia frecuente a piruetas acrobáticas, las
habilidades malabáricas y
los zancos. Como género, la Commedia
dell’ Arte tuvo su auge en Italia desde el siglo XVI, y luego
se expandió
por toda Europa en los siguientes doscientos años. En mis
archivos conservo la
estampa de un arlequín sobre zancos. La
reproducción es parte del Recueil
Fossard, una colección de grabados de actores italianos que
se encontraban de
paso por las cortes francesas entre 1575 y 1593.
Otros antiguos
grabados recuerdan la presencia de comediantes sobre zancos en los
Campos
Elíseos hacia 1822. Ninguno de estos alcanzó
seguramente el virtuosismo del
funambulista francés Charles Blondin, quien el 14 de
septiembre de 1860 cruzó
en zancos —sobre una cuerda tensa— las
cataratas del Niágara.
Arriba
En ningún
lugar de
Francia fueron más útiles que en el suroeste del
país, donde con razón se dice
que existió un pueblo de zanqueros. Desde
1972 un grupo folklórico
de las Landas se ha dedicado a retomar las danzas sobre zancos que eran
patrimonio de sus antepasados. A pesar de que aquellos terrenos ya no
son
húmedos ni pantanosos como lo eran antes del siglo XIX,
Lous Tchancayres
(en español “los zancudos”) mantienen
vivo el recuerdo de aquellos pastores que
pasaban la mayor parte de sus días sobre listones de madera.
De este modo
escapaban de la humedad del suelo, cuidaban sus
rebaños de ovejas y
caminaban con facilidad largas distancias. En las Landas los carteros
también
realizaban sus rondas sobre zancos, y las mujeres iban al
mercado sobre
zancos, y los niños solían ir a sus
escuelas… con sus zancos. A la posteridad
pasó el empeño de Silvan Dornon, un panadero
natural de la región que en 1891
tardó cincuenta y ocho jornadas para llegar en zancos hasta
Moscú.
Echasseur es el
vocablo francés para designar a los zanqueros, palabra que
tiene su origen en
el francés regional de Bélgica y del dialecto
walon del término “chacheu”, que
significa el combatiente sobre zancos. En Namur, capital de Walonia,
las pujas
sobre zancos eran ya una práctica habitual entre los
habitantes de la región
hacia 1411, según consta en un bando municipal. Una leyenda
de principios del
siglo XIV nos cuenta del Conde Jehan de Flandes, dueño del
Condado de Namur,
que asedia la ciudad y decide no perdonar a un grupo de
nobles aunque
fueran a implorarle en caballos, en barcos o carros. No esperaba el
Conde que
los namurenses apareciesen todos en zancos, ni que de este modo ganaran
su
perdón. ¡Así las cosas! Muy
posiblemente el origen de esta costumbre en Namur
data del Medioevo, tiempos en los que la crecida de los ríos
Sambre y Meuse
cubrían las calles de la ciudad, y sus habitantes, por
necesidad, se habituaron
al uso de las “patas de palo”.
Arriba
“El
zanco de oro”
es el nombre que en la actualidad recibe el principal torneo para
luchadores
sobre zancos en la región, el cual se efectúa
cada tercer domingo de
septiembre, durante las fiestas de Walonia. Según la
tradición, los
contrincantes se dividen en dos grandes bandos: los Melans
(zancos
amarillos y negros) y los Avresses (zancos rojos y blancos). Durante el
siglo
XVI se celebraron combates de masas, entre ejércitos de
hasta 800 hombres sobre
zancos. Cada parte tenía su capitán y su bandera,
y durante la pelea estaba
prohibido el uso de las manos. El éxito consistía
en tumbar a la mayor cantidad
de adversarios con el uso de los codos y los zancos. En ocasiones, la
alcaldía
organizaba “combates de etiqueta” en honor a la
visita de algún alto dignatario
como Felipe el Bueno, Carlos V, Pedro el Grande, Luis XIV, Bonaparte o
el rey
Leopoldo I. Estas peligrosas macrobatallas dejaron de realizarse en
1814, pero
se han retomado de manera estable desde 1951.
También en
otros
lugares de Europa se libraron batallas sobre zancos, pero no para el
disfrute
de ningún monarca, sino como parte de arriesgadas
estrategias bélicas.
Carl Hirsh rememora cómo en España (no precisa el
lugar), una ciudad amurallada
estuvo muy bien protegida de sus enemigos hasta que un inteligente
comandante
dispuso contra ella a todo su ejército sobre
zancos.
En ese país
los
zancos han servido a lo largo de la historia para múltiples
fines. Lo mismo
para torear en una situación ventajosa, que como parte de
algunas fiestas
tradicionales. Cada 22 de julio en Anguiano (La Rioja),
en ocasión de las
fiestas de su patrona María Magdalena, ocho personas bailan
sobre zancos de 45 cm., y se lanzan
dando
vueltas sobre sí mismos por una cuesta empedrada que une a
la iglesia con la
plaza del pueblo. Están confirmadas estas fiestas desde
1603, pero su origen se
pierde en el tiempo, relacionado con la costumbre de cruzar
sobre zancos
por terrenos encharcados.
Arriba
Ahora bien, los
zancos se conocen en América mucho antes del primer contacto
con Europa. Así lo
atestiguan algunas decoraciones de zanqueros en templos
Mayas.”Se suponía que
traían buena suerte”. En el capítulo
XIII del Popol Vuh se cuenta como
Hunahpú e Ixbalanqué se presentan con la
apariencia de dos pordioseros ante los
sangrientos señores de Xibalbá, y logran
engañarlos tras realizar varios
prodigios: bailaron los bailes de la lechuza, de la comadreja, del
armadillo,
del ciempiés y el Chitic, baile del que anda en zancos.
Los
españoles
llegaron a lo que es hoy Guatemala hacia 1524, y el Popol Vuh (o
PopWuj. Libro
del Consejo), tal y como llegó a nosotros, se
transcribió en quiché poco
después de la Conquista. El
quiché se derivó del lenguaje maya durante el
llamado
período Post Clásico, pero se supone que el Popol
Vuh sea mucho más antiguo.
Los pergaminos originales fueron destruidos, así
como miles de ídolos y
objetos sagrados. Esto “gracias” a
clérigos como Fray Diego de Landa, quien
llegó a Yucatán en 1549 y a los pocos
años tuvo que comparecer ante una
audiencia de la Nueva España
por los excesos y maltratos que había cometido. Para
ser empleada durante su defensa, contradictoriamente escribe la que
sería una
de las crónicas más importantes sobre la Cultura
Maya. En su Relación
de Cosas Notables de Yucatán, Landa describe el uso de
zancos en danzas
que se efectuaban para celebrar el año nuevo cuando este
coincidía con la letra
dominical Muluc. Ese día, entre otros servicios religiosos,
se adoraba al Dios
Yaxcocahmut para evitar la falta de agua, de maíz u otras
desgracias. La piedra
del demonio Chacantun recibía la sangre de las orejas de
muchos fieles y se
acostumbraba a celebrar “una fiesta y en ella
bailar un baile en muy
altos zancos y ofrecerle cabezas de pavo y pan y bebidas de
maíz”. Para los
mayas, cada día de su calendario aludía a un
deidad patrona, y así
alcanzaba una enorme importancia ritual. Yaxcocahmut era uno de los
aspectos
celestiales de Itzamná, la divinidad que regía al
cielo.
Arriba
En el
Códice
Trocortesiano, uno de los cuatro únicos códices
mayas que sobrevivieron a la Conquista,
aparece el Dios del Maíz (Ahmun) montado sobre zancos que
semejan los tallos de
la planta. Gracias a la prosa poética de Miguel
Ángel Asturias nos llega
otra “evidencia” de los zancos en tierras
guatemaltecas. Este escritor, a quien
le fuera concedido el premio Nobel en 1967, estudió en La Sorbona
de París en la
década del veinte. Durante ese tiempo escribió
Leyendas de Guatemala, una pieza
de narrativa que es portadora de una mirada renovadora y apasionante
sobre la
mitología de su país. En este libro, al referirse
al Dios Cuculcán, evoca
directamente uno de los más desbordantes mitos americanos:
Quetzalcoált4. Dice
Asturias que el Dios Cuculcán (podríamos leer
Quetzalcoált) monta zancos para
parecerse al sol, y grita: “De la punta de mis pies a mi
cabeza tengo una
escalera de latidos para que subas conmigo las ramas en que
se reparten
los frutos y las semillas de los cinco sentidos”5.
También los
Aztecas conocieron el uso de los zancos. Ramiro Guerra sugiere que, en
la
majestuosa ciudad de Tenochtitlán, a Moctezuma II lo
entretenían sus bufones
con esta clase de diversiones. Moctezuma resultó
uno de los últimos
grandes monarcas de la civilización azteca. Nació
en 1466 y fue asesinado en
1520. A pesar de todas las resistencias, su imperio fue
conquistado
por otra cultura.
Las tradiciones
españolas se impusieron en América.
Así, por ejemplo, los mexicanos presencian
en junio de
1526 una
corrida de toros en honor al regreso de Hernán
Cortés de
las Higueras. Los toros habían sido traídos de
España, donde hacerlos correr y
burlarlos —desde un caballo— era una costumbre de
la gente importante durante
el siglo XVI. En México comenzaron a celebrarse corridas
todos los años. En la
historia taurina de ese país quedó registrado el
valor de un hombre que en 1670
salió al ruedo sobre zancos para enfrentarse al toro. Una
experiencia similar
tuvo otro torero en España, en las fiestas de Pamplona, a
finales de ese mismo
siglo.
Arriba
Como parte de
su imposición cultural, España
trasladó a América el calendario de sus
celebraciones. En Santiago de Cuba se tienen noticias de una
procesión del Corpus
Christi en 1520. Estos festejos se celebraban habitualmente en todas
las villas
importantes de Cuba, y también en otros países de
América; siempre los jueves
siguientes a la octava de Pentecostés.
Acompañando a la procesión marchaban
carretones donde se iban representando autos, los cuales eran una
modalidad del
teatro medieval. Hacia el fondo, formando algarabía entre la
gente, desfilaban
grandes muñecos conocidos como Los Gigantes. En
Cataluña han aparecido
documentos del siglo XVI que sugieren que en sus orígenes
estas enormes figuras
estaban representadas por un hombre subido a unos altísimos
zancos.
Cuando le fue
necesaria
mano de obra barata, España propició que toda la América
fuese rellenada
con esclavos africanos. En 1517 el rey Carlos I de España
expidió la licencia
para la introducción de esclavos en las Antillas, a donde
llegaron
millones de personas desde África.
Comenzaron así a
ramificarse entre nosotros las tradiciones de este continente. Los
zancos son
parte de ese legado. En Jamaica, Haití, Trinidad Tobago y
Cuba, por mencionar
algunos ejemplos, los primeros bailadores sobre zancos
provienen de África,
donde eran muy conocidos desde la antigüedad más
remota.
Durante siglos las
danzas sobre zancos han formado parte de diversos aspectos de la vida
social
africana: rituales agrarios para garantizar la abundancia de las
cosechas,
casamientos, ritos de iniciación y ritos
funerarios. Todavía en
algunas pequeñas tribus de Nigeria se realizan complejas
danzas acrobáticas
sobre zancos de más de diez pies de alto.
Tradicionalmente estas danzas
han sido entendidas como una mediación entre la vida y la
muerte. También quien
visite las aldeas del pueblo Punu, dispersas entre el Congo y
Gabón,
puede disfrutar de la presencia de altísimos bailarines
durante las ceremonias
fúnebres de personas importantes. Estos, además,
usan exóticas máscaras de
madera y sobresalen por encima de las casas representando
así al ‘’otro
mundo’’.
Arriba
Las
máscaras
constituyen uno de los elementos más recurrentes en las
danzas rituales
africanas, por la facilidad con que trastocan la identidad de quienes
las
utilizan. Aponos es una tribu que bebe vino de palma durante todo el
año. Entre
sus danzas está Ocuya, realizada por un zanquero que se
oculta tras una enorme
máscara de madera recubierta con pieles de mono y una larga
falda de hierbas.
El John Canoe, una danza procesional que los africanos trajeron a
América y que
se ejecutaba durante los festejos de navidad, también se
realizaba con grandes
y vistosas máscaras. Ocasionalmente se ejecutaba sobre
zancos. Explica Ramiro
Guerra en un ensayo sobre las tradiciones carnavalescas de Trinidad:
“Entre los
Yorubas
de la
Costa de
Marfil concretamente, el baile sobre zancos es propio de las
sociedades
de máscaras ceremoniales donde los acróbatas y
bufones de la misma son los
encargados de efectuar esas danzas fuera del ritual mágico
religioso. Se
sientan en los techos de las casas con el propósito de hacer
extrañas piruetas
en un solo zanco, abriendo los brazos como alas, recorriendo las plazas
en
grandes zancadas para el disfrute de las comunidades de las
aldeas.”6
Los zancos
también
han sido usados en las iniciaciones de los jóvenes a la edad
adulta. En aldeas
emplazadas donde hoy está Tanzania, un viejo rito estaba
centrado en una danza
conocida como “el hombre en la copa del
árbol”, en la que un personaje sobre
zancos rogaba porque las personas jóvenes de la tribu
pudiesen crecer altas y
sanas, y para que pudieran alcanzar la misma altura todas sus
ambiciones.
A veces quienes
suben a los zancos son hechiceros que trabajan haciendo el mal. Tal es
el caso
de los “Devoradores de Almas”, brujos y curanderos
tradicionales que se
cubren el cuerpo de plumas y ejecutan complejas acrobacias sobre zancos
altísimos. Los Querzés son uno de los tantos
pueblos que temen a estos
personajes cuyas danzas pueden provocar grandes sugestiones, ya que
algunos dan
fe de su fuerza sobrenatural cargando asombrosas cantidades
de peso sobre
los zancos.
Arriba
Refiriéndose
a los
bailes sobre zancos, Fernando Ortiz aclara que “son
típicos del Camerún y otros
pueblos próximos de la Costa
Occidental”7: Ghana, Malí,
Angola, Tanzania, Sudán,
Zimbawe… Podrían agregarse a esta lista muchos
otros países africanos donde
está arraigada la tradición de los zancos, y no
siempre vinculados a contextos
sagrados o religiosos. Además han sido empleados como un
simple divertimento o
como herramienta útil para realizar ciertos trabajos. En la
República de Benín se
encuentra el gran lago Nokoue, a lo largo del cual muchas aldeas
practican
habitualmente la pesca sobre zancos. Esta modalidad de pesca
también es
conocida en Viet Nam y en Weligama, Sri Lanka.
A
Sri Lanka,
(antigua Ceilán) la separan apenas 32 km
de la
India, un vasto territorio donde la costumbre de
montar zancos se remonta a varios siglos atrás. En las
provincias centrales del
país perdura esta costumbre en el contexto de algunas
ceremonias
religiosas para asegurar el crecimiento de la cosecha.
“Las subidas en
zancos plasman la identificación del que danza, no con el
que ejecuta el acto
de plantar, sino con lo mismo que se planta, y así cuanto
más alto sea el
salto, mayor altura alcanzará el
trigo”8. En la India se han usado los
zancos con múltiples propósitos. Una
colección de antiquísimas artesanías
recuerda ciertas circunstancias históricas en las que los
guerreros ricos
marchaban al combate sobre elefantes, y los guerreros pobres sobre
zancos. En
la actualidad, quizás quienes los usan más
frecuentemente —como en otros
muchos países— son los comediantes y los
niños, quienes siempre han tenido en
alta estima a este juego tradicional.
Un cuadro de Peter
Brueghel de 1560, y un grabado anónimo alemán de
1617 (preservado en
Leipzig), demuestran que en la Europa
Medieval mantener el equilibrio sobre
zancos de distintas alturas era un juego muy conocido y aceptado. Lo
mismo ha
ocurrido en algunas Islas del Sur del Pacífico como
Tahití, en Nigeria y en
Japón, donde los zancos de bambú forman parte de
un popular juego de
invierno conocido como “el Caballo de
bambú.”
En Japón
los
zancos fueron conocidos antes del siglo XIV, durante los Sarugatu, uno
de los
precedentes del refinado Nô. En las afueras de algunos
templos de Kyoto y Yedo
(antigua Tokio), el pueblo disfrutaba de gran cantidad de atracciones
profanas
que tenían lugar una vez concluidas las solemnes ceremonias
religiosas:
acróbatas, juglares, titiriteros, mimos, corredores en
zancos… Siendo un
equivalente del carnaval europeo, este conjunto de regocijos
recibió el nombre
de Sarugatu, y en este participaban de modo activo todos los habitantes
de la
ciudad.
Arriba
Las carreras en
zancos también eran comunes entre los habitantes
de las Islas Marquesas,
un conjunto de diez islas volcánicas de la Polinesia,
que a su vez
constituye una de las principales zonas etnogeográficas de
Oceanía. En el
pasado, habitaban estas islas seres para los cuales estar completamente
tatuados resultaba tan natural como ejecutar danzas
acrobáticas de
gran complejidad sobre zancos. Nueva Zelanda también forma
parte de la
Polinesia; allí el
pueblo Maorí ha usado los zancos durante milenios, lo mismo
en danzas tribales
que en fiestas donde sobresalían como una peligrosa
diversión. En algunas islas
de la
Polinesia
existen lugares donde las casas están construidas
sobre pilotes de madera
llamados zancos, que permiten vivir sobre la superficie del
agua. Pues
bien, los habitantes de estas aldeas usan, además de canoas,
largos zancos para
desplazarse entre una casa y otra.
Independientemente
de la profundidad, muy difícil resulta para un zanquero
cruzar ríos, lagos o
riachuelos. La inestabilidad de los suelos, las corrientes
fluviales… Sin
embargo, se sabe que en varios países esta fue una costumbre
impuesta por la
necesidad. En Oslo, Noruega, la estatua de un zanquero varado sobre la
superficie de un canal rinde homenaje al servicio que los zancos le
prestaban a
quienes los llevaban para cruzar las zonas inundadas. Para fines
similares
fueron utilizados en algunas villas de Alemania, Bélgica y
Hungría, según
consta en una antigua postal que conservo en mis archivos. En China, el
río
Liao contribuye al drenaje de una extensa llanura de Manchuria.
Existió una época
en que las crecidas de este río cubrían
las calles y haciendas del pueblo
Newchwang, circunstancia esta que hizo que sus habitantes, tribus
nómadas del
pueblo Mongol, caminaran habitualmente sobre zancos.
Arriba
Estos se conocen
en China desde hace varios siglos. Al igual que en Japón,
los zancos de bambú
son muy populares entre chicos y jóvenes, y forman parte de
fiestas de invierno
y de las celebraciones por la llegada de año
nuevo. También han sido
utilizados virtuosamente por los artistas circenses, llegando incluso a
dar
saltos mortales de espalda sobre zancos de una altura considerable. En
el norte
del país, un mural de la
Dinastía Wei (220-265 D.C.) muestra
claramente la figura de
un actor subido a unos altísimos zancos.
Podrían
contarse
por miles a los actores que actualmente montan zancos en todo el
planeta. En
las últimas
décadas se han vuelto atributos asociados al
teatro
callejero, y también una imperante necesidad para
incontables jóvenes que han
redescubierto la posibilidad de expresarse en los espacios
públicos. Aún cuando
el Teatro de Calle existió desde mucho antes de edificarse
el primer teatro,
alcanzó un notable florecimiento a partir de 1960, y en no
pocas ocasiones los
zancos estuvieron vinculados a acciones de un marcado
carácter político: en
Estados Unidos zanqueros del Bread and Puppet participan en
manifestaciones de
protesta contra la guerra de Viet Nam; el colombiano Juan Carlos Moyano
burla
con sus zancos los cordones de policías que cuidan al
presidente de su país y
se acerca amenazadoramente a su tribuna; en Chile Julia
Varley, una
actriz del Odin Teatret, encarnando a un personaje que anda sobre
zancos es
derribada por fuerzas paramilitares en los jardines del Palacio de la Moneda…
Estos son apenas
unos pocos ejemplos.
Arriba
El Teatro de
Calle
alcanzó un gran esplendor en Estados Unidos, el
país donde Bob Skaggs abrió la
primera fábrica de zancos destinados a recolectores de
frutas, albañiles,
pintores de brocha gorda, electricistas. Los espectáculos
callejeros se
extendieron con notable éxito por Europa y por
América del Sur, sobre todo en
Colombia, Argentina y Chile, países donde la costumbre de
andar sobre zancos
está muy arraigada. Solo a partir de la
década de los noventa, en Cuba se
reconoce el trabajo estable de grupos teatrales que exploran
asiduamente
la técnica de los zancos.
Los zancos
llegaron a Cuba de la mano de los esclavos africanos que cada 6 de
enero
sacudían la ciudad con su algarabía, sus danzas y
cantos durante las
fiestas del Día de Reyes, de las cuales ya se
tienen noticias desde 1565.
La presencia de Diablitos sobre zancos ya es comentada en
periódicos habaneros
de la primera mitad del siglo XIX. La tradición se mantuvo
viva en el contexto
de presentaciones folklóricas y de los Carnavales.
Habría que reconocer que entre
nosotros los zancos también fueron un juego
tradicional y una herramienta
de trabajo. Todavía en cooperativas de San Juan y
Martínez o en Vuelta Abajo,
Pinar del Río, numerosos campesinos montan zancos para
realizar ciertas
tareas dentro de las vegas tabacaleras. Ya en la actualidad, de la mano
de
artistas callejeros se ofrecen regularmente talleres de zancos en
numerosos
puntos de la isla.
Los anteriores
ejemplos describen experiencias que me han antecedido. Son algunas de
las
raíces de un árbol que planté hace
seis años, cuando tomé la decisión de
construir mis primeros zancos. No tiene sentido preguntarme
qué valor tienen
los zancos para los demás, si antes no soy capaz de
preguntarme: ¿Qué valor
tienen para mí mismo?
Arriba
RAÍCES
PERSONALES
Mis
últimos
zancos son de cedro y miden 1.70 cm. Son
pequeños si consideramos que el record Guinnes
es de 12
metros
de alto. Los míos se amarran a las piernas por debajo de las
rodillas. Un
cuadro de Francisco de Goya muestra a personas caminando sobre zancos
que se
amarran a los muslos. Se conocen además zancos que
se sostienen con las
manos, zancos con muelles, zancos arqueados, zancos para patinar sobre
hielo y
hasta zancos sobre patines de línea. Mis zancos son bastante
convencionales,
pero esto no es tan importante como la actitud con que son usados.
Un entrenamiento
constante sobre ellos permite dominarlos, aunque las caídas
a veces son
inevitables. Son como una puerta fácil de abrir, pero hace
falta mucha disciplina
y coraje para recorrer hasta el infinito el camino que se dibuja ante
nosotros.
Algunas veces caí en la trampa de explicar lo que se siente
desde los zancos:
entra uno en una especie de silencio interior, un estado de conciencia
acrecentada, condición mental derivada de los peligros y la
altura. Un zanquero
debería ser como un artista con la actitud de un cazador,
siempre en acecho…
Son imágenes elocuentes, pero imprecisas.
Los zancos son
para mí un acto de libertad personal, y me siento incapaz de
explicar por qué
vuelvo a ellos una y otra vez. Me han contado de accidentes
fatales que
han llevado a zanqueros a una tumba. No son exageraciones.
Conocí a una actriz
del Teatro Tierra de Colombia que ha padecido por años las
dolencias de múltiples
operaciones en las rodillas a causa de una mala caída. Yo
mismo he soportado
las continuas protestas de mi cintura, de la columna.
¿Por qué entonces
me empeño en abandonar mi natural equilibrio?
¿Para qué arriesgarme a explorar
las alturas desde la precaria seguridad que me ofrecen dos estrechas
vigas de
madera?
Arriba
Una de las razones
más fuertes que tengo se llama Gigantería. Este
es el nombre de la comunidad de
artistas callejeros a la cual pertenezco. La verdad es que los achaques
de mi
cuerpo físico no son todavía más
fuertes que la voluntad de quienes me
acompañan en la aventura de hacer teatro en las plazas del
Centro Histórico.
Los zancos son la base de nuestra labor creativa. Así fue
desde la fundación
del grupo en el año 2000.
Somos
algunas de las raíces de un árbol
invisible que crece sobre
nosotros.
NOTAS
1. Carl Hirsch. http://www.stiltman.com.
2. Carl Hirsch. Ibidem
3. Relación
de las
cosas notables de Yucatán. Citado por David Bolled en un
estudio sobre la
lengua maya.
4. Aclara Arturo
Arias:
“El texto favorece en su explicación el nombre
nahua ‛Quetzalcoált’ al maya
‛Kukulkán’, el cual a su vez prefiere escribir
como Cuculcán, a pesar de que el
autor reconoce que la letra k se acerca más al sonido
indígena. Sin embargo
prefiere castellanizarlo porque escrito así con c resulta
más familiar en
nuestra lengua” (en el ensayo La hibridización y
la identidad indígena:
leyendas de Guatemala como laboratorio étnico).
5. Miguel
Ángel
Asturias. Obras Completas. Tomo I. Madrid: Aguilar, 1968.
6. Ramiro Guerra.
Teatralización
del Folklore y otros ensayos. Editorial Letras Cubanas, 1989.
7. Fernando Ortiz.
El Baile y el teatro de los negros en el folklore de Cuba. Editorial
Letras
Cubanas, 1981.
8. Ramiro Guerra.
Ibidem.
E reportaje de Roberto
Salas ha sido tomado de esta página:http://www.caimanbarbudo.cu/caiman332/paginas/zancos32.htm
Arriba